Lunes, 25 de julio de 2005
Siguen resonando los ecos del incidente del aeropuerto. A Laporta le llueven por todos lados. La principal acusación es que es soberbio y prepotente. Vamos, que se lo ha creído.
Yo no lo veo así. Reconozco que se equivocó al desnudarse en el detector de metales y que es una lástima que se fueran cuatro directivos. Pero dicho esto –y es cierto que no conozco al personaje- yo no veo grandes problemas.
El equipo acaba de ganar la liga. Si hubiera sido prepotente y vanidoso, hubiera aprovechado para participar, como lo hizo Núñez, de las celebraciones del éxito. No lo hizo.
Y en lo que a sus proyectos se refiere, hay que reconocerle los logros.
Se empeñó en acabar con los aficionados violentos y lo cierto es que ha avanzado mucho en ese terreno. Ha dejado en manos de los técnicos el funcionamiento del equipo y son ellos los que deciden. El sentido común prevalece en los fichajes. Cuando Rosell pidió la cabeza de Rijkaard, tuvo paciencia y lo mantuvo.
Esto no es la era de Gaspart. Qué diferencia. Sin embargo, han surgido ciertas anomalías y está siendo blanco de las críticas por ellas. No está mal. ¿Por qué? Porque eso será un acicate para superarse y hacerlo mejor.
¿Lo que no me gusta? Que apoye a Villar, pero lo defiendo porque sé que quienes le atacan por ello tienen intereses bastardos, como tampoco me gusta su acercamiento a Gaspart, pero lo comprendo en aras de la unidad barcelonista. De todas formas, Laporta no debe dar argumentos a las fuerzas del mal para que le ataquen. Por el Barça, busquemos la senda de ese pretendido círculo virtuoso con que tanto nos entusiasmó hace ahora dos años y con el que estamos identificados.
Por: Sito | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
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